
EL RELOJ DE LA HIJA DEL PINTOR
Una noche a las diez de la noche
diciembre me puso en tus manos
y tus manos
calidas
dejaron que mi pequeña existencia temblara de vida en su cuna
me he parecido a ti desde el principio
mi madre cuenta que fui siamesa de esta nariz alargada
yo sé que mi nariz quiso nacer antes que yo
porque te olió desde lejos
ay
cuánto esperé tu retorno sin sueño
para que tú me cantaras de un lado a otro
para que fueras mi padre de un modo u otro
para que tú me bañaras en mi propio llanto
para que todo el reflujo que llevaba dentro
pudiera arrullarse en tu chaleco triste
un buen día a las ocho del día
pusiste un pincel de acuarela en mi cara
me hiciste este rostro
a imagen y semejanza de tus gesticulaciones
tuérceme la boca
carita de espanto
levanta las cejas
rostro inclinado de luna
yo te miraba volar alrededor de algún lienzo y deseaba
píntame
píntame
píntame
que yo también quiero ser una hechicera tuya
píntame y borra de una vez por todas todas mis facciones
hazme un sombrero de luces fluorescentes
donde poder esconder mis travesuras y cristales rotos
borda con óleo una capa que me haga ser invisible
para volverme de viento si me sacude el aire
una tarde a las mil de la tarde
montamos juntos tu caballo de plata
flaco corcel desbocado nos llevó
nos tiró de bruces
nos bailó por encima de todos tus huesos y mis pieles
yo estaba dispuesta a morirme contigo
yo siempre estoy dispuesta a nuestra muerte
siempre y cuando sea como esa noche
a las diez
a las once
a la media rotación del mundo
píntame papá
pensaba
sentada diminutamente
a los pies del reloj que se fue tras de ti
la primera vez que trazaste una puerta y te fuiste.
© Ximena de Tavira.
Una noche a las diez de la noche
diciembre me puso en tus manos
y tus manos
calidas
dejaron que mi pequeña existencia temblara de vida en su cuna
me he parecido a ti desde el principio
mi madre cuenta que fui siamesa de esta nariz alargada
yo sé que mi nariz quiso nacer antes que yo
porque te olió desde lejos
ay
cuánto esperé tu retorno sin sueño
para que tú me cantaras de un lado a otro
para que fueras mi padre de un modo u otro
para que tú me bañaras en mi propio llanto
para que todo el reflujo que llevaba dentro
pudiera arrullarse en tu chaleco triste
un buen día a las ocho del día
pusiste un pincel de acuarela en mi cara
me hiciste este rostro
a imagen y semejanza de tus gesticulaciones
tuérceme la boca
carita de espanto
levanta las cejas
rostro inclinado de luna
yo te miraba volar alrededor de algún lienzo y deseaba
píntame
píntame
píntame
que yo también quiero ser una hechicera tuya
píntame y borra de una vez por todas todas mis facciones
hazme un sombrero de luces fluorescentes
donde poder esconder mis travesuras y cristales rotos
borda con óleo una capa que me haga ser invisible
para volverme de viento si me sacude el aire
una tarde a las mil de la tarde
montamos juntos tu caballo de plata
flaco corcel desbocado nos llevó
nos tiró de bruces
nos bailó por encima de todos tus huesos y mis pieles
yo estaba dispuesta a morirme contigo
yo siempre estoy dispuesta a nuestra muerte
siempre y cuando sea como esa noche
a las diez
a las once
a la media rotación del mundo
píntame papá
pensaba
sentada diminutamente
a los pies del reloj que se fue tras de ti
la primera vez que trazaste una puerta y te fuiste.
© Ximena de Tavira.




