
Buenas noches. Buenas. ¿Qué hora es?, hace frío. Acérquese un poquito a la bombilla roja de mi plexo. Sí, sí, con todo gusto. El tiempo es suyo el gusto es mío. Gracias. Apoye su nariz contra mi cuello y huela. Huele bien, qué se puso. Nada, me puse, bueno, triste anoche, ¿le ha pasado? Sólo a veces, en invierno o lunes. Qué día es hoy. ¡A quién le importa! A todos, creo, Sí. ¿En qué trabaja? Tengo un trabajo de medio tiempo. Es un alivio, pero en qué, diga qué hace. Hacer hacer, no hago nada, dormir me gusta. Ah, le gusta el sueño. El sueño no, dormir me calma. Sin más rodeos déme un beso, le suplico, llevo más prisa que el hambre. Yo tengo sed, coincidencia. Pegue su pelvis de un salto a la mía. ¡Cómo cree!, ¿no le da miedo? Qué me da usted sino a cambio otro beso. Ya van dos, no se pase. Sí me paso. Qué le pasa. Nada, y ¿a usted? Nada. ¿Nada? Casi. ¿Casi nada? Casi siempre. ¡Vaya! ¿A dónde he de ir? No, digo que ¡vaya, vaya! ¿No entendió?, era un chiste. Sí entendí pero cuando me excito prefiero aguantarme la risa. ¿Eso también fue un chiste? Sí, ¿le dio risa? Sí, porque cuando me excito sufro enormes carcajadas. Mire, qué casualidad. Mire, un gato con botas. ¿Dónde? No, eso también fue un chiste. ¿Le gustan? ¿Qué, los chistes? No ¿Los gatos? No ¿Las botas? No, no, no. Mis ojos, ¿le gustan? Sí, no están mal, me recuerdan a alguien. ¿Ah sí, a quién? No me acuerdo. ¿Y a usted, le gustan? Tengo la lengua partida pero mis ojos siempre me han gustado. No, no, los míos, ¿le gustan a usted mis ojos? Pues claro, dudo que haya alguien con un mínimo sentido de la estética a quien no le gusten los ojos suyos. Ay ay ay. Perdón, le he incomodado. No, en absoluto, es que me entró algo precisamente a los ojos. A ver, venga acá, déjeme ver más de cerca. Ajá, conque sí. ¿Qué pasa, vio algo? No algo, vi a alguien. Me parece que le he entrado por la vista y ya me fui muy lejos, debo andar más o menos por la parte más oscura de su caja toráxica. Y ahora, ¿qué hacemos? Le digo que me bese, a ver qué pasa. Decía usted que está triste. Sí, pero eso fue antes de entrar por sus ojos. ¿O sea que ya no lo está? Creo que no, estoy más bien, no sé cómo, ¿le ha pasado? Todo el tiempo. ¿Qué hora es?, hace frío. Pues allí dentro de usted yo siento más bien calor. Ándele, no sea así, déme un beso. Está bien, ¿tiene cambio de doscientos? Si es preciso tengo cambio de un millón.
Ximena de Tavira.












